Tuesday, September 19, 2006

Desde el restirador...


...en mis años mozos, antes de que tuviera que preocuparme por impuestos y por fechas de entrega (caramba, antes del temblor que acaba de cumplir 21 años) pasaba buena parte del día en casa de los abuelos, con la progenitora trabajando en la importadora de acero sueco. Le debo buena parte de la situación actual (para bien o para mal) a esa infancia disfuncional, ya que el abuelo, para que me entretuviera, me compraba un montón de pliegos de cartoncillo y pegamento, y me pasaba horas armando ciudades, naves, criaturas, y lo que sea que el cartón permitiera. (Ahora que lo pienso, el abuelo también era el responsable de comprarme la dotación semanal de cómics, y no dejaba que me perdiera uno solo... en conclusión, todo esto es culpa del abuelo. Gracias, abuelo). En fin, además de eso, lo único que había era explorar el resto de la casa en busca de algo interesante.

Y en la habitación del tío Daniel, había un objeto que siempre me llamaba como un imán, una mesa que se veía frágil como papel, y que estaba inclinada (¡una mesa inclinada!), con una superficie de madera que no era madera y que se estaba cayendo a pedazos... con extrañas lámparas que le salían como brazos y que se movían en todas direcciones, y con un montón de lápices y cosas de plástico encima. Cuando por fin me atreví a preguntar qué era ese objeto, el tío Daniel me contestó que era un restirador (para entonces ya tenía alguna noción de lo que era un potro de tortura, y pedí una aclaración). Resultó que era una mesa especial para dibujo.

Y pasé bastantes días garabateando ahí arriba, seguro de que era algo mágico que hacía que todos los dibujos salieran perfectos... lo cuál no era cierto. Pero vaya que seguí con la fascinación mucho tiempo.

Y tardé demasiado en tener mi propio restirador... de hecho, creo que hasta antes de empezar el último año de preparatoria, cuando íbamos a llevar diseño ambiental (que era un nombre demasiado pretencioso para dibujo técnico). Lo que significa que ya lleva unos 13 o 14 años de servicio... en algún momento tuvimos que darle vuelta a la tabla para aprovechar el lado mas liso, y ya hasta el lado liso tiene sus asegunes, pero todo lo bueno o malo que he moneado en ese tiempo ha pasado por mi buen amigo de aglomerado. Y aún aguanta un día completo de moneada, como lo fue hoy.

La Onlyguana me hizo pensar en el cómic europeo... esa es una idea.

Eso es.

2 Comments:

Blogger aurangelica said...

Ahhh yo nunca tuve el placer de conocer a mis abuelos. A la única que conocí fué a mi abuela materna que veía cada venida de obizpo porque no vivía en la ciudad. Y ahce algunos años que murió.


Tu abuelo tuvo que haber sido genial. Me hubiera gustado mucho conocerlo.

;)

7:33 AM  
Anonymous Anonymous said...

¡Hola! ¡Ya vine! ¿Me extrañaron?

Vengo otra vez para darme publicidad. Estoy haciendo un experimento sobre el factor de explotabilidad de las latas de refresco en el congelador. Lo que queremos saber es si es seguro poner a congelar una lata en el congelador. Hasta ahora, todo apunta a que sí. Si quieren darse una vueltecita y dejar su opinión, allá los espero.

Y Axel, ¡gracias por las tarjetas autografiadas! Ya enmarcarqué y las tengo puestas en círculo en mi mesita de noche. También enmarqué mi póster de la película de La Prima Holocáustica. Por cierto, a Holi le fascinaron tus tarjetitas de Mecánica Cuéntica.

¡Te mando un beso! (y espero que no se enoje Aurangélica)

2:07 PM  

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