Sunday, December 18, 2005

La mejor semana para ser Grinch...

Chamacas y chamacos, ya tenemos el humor perfecto para patear al próximo tipo que veamos vestido como el gordo promotor de la Coca Cola.

Jo, jo, jo...

La gente buena y decente del mundo va a tener un lindo descanso en los próximos días... los diseñadores y similares seguiremos esclavizados hasta el último momento posible, gracias. La diferencia entre un jefe de agencia y el clásico Sr. Scrooge, es que el primero explotaría a los tres espíritus y los pondría tres meses a prueba sin sueldo...

Pero bueno, las cosas se van despejando (o por lo menos quedan en suspenso hasta el 2006), hay bastante diversión para la semana, y tenemos un aniversario que planear, así que la vamos librando.

Y ya supondrán que nos vamos a extender con la crítica, así que vamos a dejar de pretender que la semana fue intensa...

Pórtense mal, cuídense bien, Nancynismo para todos, saludos a la Polla en la distancia, a la Prieta recargada, al Sr. Quintero, al Lalo y al Yorch, al heróico Cuaas, a la Vecina, a Mica, HK, Allen, Chopan, Zéfiro, Gil, Pentaro, Pepius y toda esa alegre banda blogera, y a toda la maravillosa gente al otro lado del Alzheimer.

Y a la mejor novia del mundo mundial. Sin duda.

Próxima semana, cómo disfrazar minas submarinas de piñatas, y otras divertidas labores navideñas.

A los que ya se pierdan, feliz época.



RECOMENDACIONES:

-KING KONG:

(Igual en inglés, no había pierde).

Entre la impresionante colección de idiotas con más dinero y poder que un servidor que he conocido en la vida, estaba uno cuyo orgullo era irse de safari cada año o así, y tomarse fotos sobre cadáveres de rinocerontes y elefantes recién abatidos para presumirlas junto con las cabezas de gacela que tenía esparcidas por toda su agencia. Eso, y procurar que todas las ejecutivas de cuenta y asistontas pasaran por sus manos ávidas y sudorosas a cambio de conservar sus patéticos trabajos otra semana. Y jactarse del hecho después.

Aprendí varias cosas en ese lugar, pero la principal fué que el ser humano tiene una capacidad ilimitada para destruir todo aquéllo que es único e irrepetible y convertirlo en una estúpida escalera a la que pueda subir para sentirse alguien.

Me gustaría decírselo a ese idiota en la cara... pero será en otra ocasión.


King Kong no necesita presentación. Hay sólo un puñado de personajes cuyo nombre tenga tal peso cultural y que sean reconocidos en todo el mundo, sobre todo cuando se trata de una leyenda nacida exclusivamente del cine y para el cine. Ya sea cariño, respeto, burla, condescendencia, o la emoción que sea, pero todos tienen alguna reacción a ese nombre y a lo que representa. King Kong. La Octava Maravilla del Mundo. El Rey de la Isla Calavera.

Peter Jackson reaccionó a ese nombre y lo que representa con el máximo homenaje posible: quiso ponerlo en boca de todo el mundo, darle un trasfondo a su altura, y volver a la vida la leyenda que lo hizo convertirse en cineasta.

Y es difícil encontrar algo que ese hombre no pueda hacer cuando se decide...

La historia no puede ser más simple ni probada: el romance imposible entre la bella y la bestia. Pero Jackson toma una historia sin complicaciones que cualquiera puede entender, para convertirla en una gran parábola sobre la ambición, los sueños, la hipocresía, el sacrificio, y la infinita capacidad del ser humano de echar a perder lo que es único e irrepetible. Tal y como en la película original de 1933. Pero sin límites.

Y el único defecto de la película es su falta de límites... no hay discusión en cuanto a que Jackson puede crear (o manipular a la gente correcta para crear) las imágenes más inolvidables de la cinematografía actual... nadie puede competir con el arte que pone en su fotografía, diseño, ambientación y efectos... cuando decide dar espectáculo, no hay punto de comparación en este planeta. El problema es cuando decide equilibrar el espectáculo con una hora y fracción de planteamiento e historias de la Gran Depresión (que casi es una película por sí misma)... media hora menos hubiera beneficiado mucho a la obra.

Y no es que en esa hora no haya grandes momentos como la sutil imagen del guionista enjaulado a merced del director, o los homenajes a las estrellas de antaño y a los trucos clásicos para crear tensión... todo lo que se puede decir sobre la época clásica del cine está ahí, tal vez demasiado.

Pero cuando la expedición llega a la Isla Calavera, todo lo demás deja de importar.

Porque la Isla es el lugar más inhóspito, salvaje e infernal que haya salido de una mente humana. Porque cada detalle, desde los mortales arrecifes (la escena del buque encallando es de antología) hasta las murallas de la civilización, pasando por los aterradores habitantes, es definitivo. No hay más que decir después. Cuando Peter Jackson hace una declaración, lo hace para que nadie pueda atreverse a responder.

Así que el lugar es exhuberante hasta llegar a lo imposible... las criaturas y los nativos son salidos de una pesadilla. Las amenazas y aventuras son tan intensas, exageradas y maniáticamente coreografiadas que no hay con qué medirlas o compararlas. Dinosaurios, murciélagos gigantes, estampidas, avalanchas... todo lo que podría pasar y todo lo que sería imposible que ocurriera, multiplicado por cien. Eso en cuanto a espectáculo.

Y está Kong.

Hay momentos en que el cine trasciende sus límites con sus criaturas. En que dejamos de pensar en cómo se hizo o cuántas computadoras hay detrás, y simplemente nos dejamos llevar por la actuación, por la emoción que produce un simple gesto o por los pequeños detalles que nos convencen de que algo está vivo. Kong es, simplemente, la más grandiosa creación digital que haya aparecido en pantalla. Si él funcionaba, la película iba a funcionar. Y hay que estar muerto y enterrado para no creerse por completo su idilio con Fran, desde su etapa agresiva hasta su indignación. No es un excelente efecto: es un excelente actor, y no lo es menos porque esté hecho de pixeles. Hubo años de estudio para hacerle justicia, para que cada movimiento esté lleno de vida y cada gesto pueda llegar hasta el alma. Es un gorila de ocho metros, y está vivo. Es el Rey de la Isla, y puede conquistar el corazón de la chica. Es capaz de combatir y vencer a tres tiranosaurios y erguirse sobre el último con su rugido triunfal.

Y ese es uno de esos raros momentos en el cine que valen una película...

Cada uno de los actores está exacto para el papel, desde los estereotipos raciales hasta el obsesivo Denham o el desorientado Jack... y cada etapa de pérdida y confusión está coreografiada para llevar a la conclusión inevitable. Al final, es una obra de amor y de compromiso. Una visión más grande que la vida, traída de un tiempo en el que la capacidad de asombro era mucho mayor, para un lugar en el que la capacidad de destruir todo lo que es único, hermoso e irrepetible está a su máximo.

Así que no hay nada de mesura aquí... todo lo que se pudo hacer se hizo, y casi siempre se hizo de manera excelente. Incluso la secuencia de ensueño imposible en la que Fran se reúne con Kong y lo lleva a Central Park... porque todo romance imposible necesita al menos un instante en el que parezca que puede llegar a buen término. Y cuando la tragedia llega, en realidad lo es. Aún en esta época en que el corazón humano promedio está endurecido al grado de ser impenetrable, hay una cierta combinación para alcanzarlo. Y Kong tiene exactamente la combinación correcta.

Porque el ser humano tiene una capacidad infinita de destruir y convertir las cosas en una burla.

Pero a veces, aún tiene la capacidad de crear grandes obras que nos hagan ver más allá y vernos a nosotros mismos, emocionarnos, avergonzarnos, y creer en lo increíble. Vivir romances imposibles y esperar finales felices.

A veces, un puñado de humanos se reúne y nos demuestra que nuestra especie aún tiene algo que merece ser salvado.

Eso es.

2 Comments:

Blogger aurangelica said...

Hola...

YA es lunes!!! Que tengas un buen inicio de semana!!! :*

A echarle ganas!

7:10 AM  
Blogger mica said...

Me daba cierta pereza volver a ver king kong pero lo pintas bastante bien...no sé si iré...Por aquí dicen que el diseño del mono se inspiró en el gorila albino del Zoo de Barcelona, Copito de Nieve (en paz descanse)...me miro y remiro los carteles publicitarios y no consigo encontrarle el parecido...pero bueno....será por el color.
Ah! Axel seguro que tu también eres bueno y decente para merecerte estos días...me apuesto lo que quieras a que no tendrás carbón en el zapato el día 6...¡Que lo pases bien! y sigue cuidando así a la diseñadora de chucherías de librería ;)

10:33 AM  

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